El pasado jueves -¡coño!, de eso hace ya una semana- se celebró el cuarto y último -por ahora- simposio en la bodega Estancia Piedra de Toro. Esta vez fue Luis Alberto de Cuenca el encargado de escanciar versos en copas de vinos... o ¿era escandir vinos en copas de versos? No sé, ya no lo recuerdo bien, debe de ser cosa del Alzheimer. Lo cierto es que llegar hasta la bodega, magnífica, impactante, fue toda una aventura. Una tromba brutal de agua, como una gotera incontenible, cayó del cielo, y durante unos minutos se paseó entre los viñedos para lavarles la carita y dejarlos en pelota, a cuerpo gentil, sin el vestuario de sus pámpanos y sin el adorno de sus racimos. Un pequeño gran desastre de esos que la naturaleza provoca cuando una tarde cualquiera de junio se aburre de la canícula, impropia, asfixiante, mortal. Cuenca la tomó con los goliardos y nos ilustró sobre aquellos "monjes" giróvagos y vagos a partes iguales. Unos tíos que inventaron el arte de vivir sin hacer y de hacer un sinvivir de versos escarnecedores, alegres, casi inmortales. Cantos a la vida, al placer, al vino, a Baco, al carpe diem, al collige, virgo, rosas, al dolce far niente"...
La charla fue amena y para todos los públicos. Nada de exuberancias academicistas ni de elevaciones del terreno mental. Sencillo y llano, como deben ser todas las cosas profundas y bellas. Y belleza hubo mucha. Creo haber puesto ya algún poema de Cuenca por aquí. Ahí va otro:
El fantasma
Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,
hazte mucho más grande
o infinitamente más pequeña.
Envuélveme en tu pecho.
Bésame.
Pero nunca me digas la verdad.
Nunca me digas: «Estoy muerta.
no abrazas más que un sueño»
viernes, 26 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
Comienza el baile
Comienza el baile de la poesía. Nadie sabe hacia dónde vamos y prueba de ello es que editores, poetas y críticos ofrecen un panorama tan ecléctico como insondable. Hay quien, como Visor, apuesta por los caballos que se entrenan en sus propias cuadras y pistas; hay quien, como Robayna, denuncia el cambalache en el que se ha convertido el putimundo de la poesía moderna: con sus premios por convenio, sus premiados "ilegidos" y su "póngame cuarto y mitad del Loewe, media rueda de tren y un manojo de Melillas".
La poesía siempre fue un acto de fe, un creer en la indigencia como modo de vida asegurado y futuro. Hoy eso ha cambiado. Los poetas escanden versos sobre el suelo como si fueran banqueros de un cuadro de Quentin Metsys. Sopesan el tintineo metálico de cada palabra y el beneficio neto de sus estrofas. Y eso es lo que le vamos a legar a nuestros descendientes: una poesía bursátil y un compendio de libros de economía, en verso.
La poesía siempre fue un acto de fe, un creer en la indigencia como modo de vida asegurado y futuro. Hoy eso ha cambiado. Los poetas escanden versos sobre el suelo como si fueran banqueros de un cuadro de Quentin Metsys. Sopesan el tintineo metálico de cada palabra y el beneficio neto de sus estrofas. Y eso es lo que le vamos a legar a nuestros descendientes: una poesía bursátil y un compendio de libros de economía, en verso.
martes, 16 de junio de 2009
A la muerte de Ullán
Al parecer, no ha caído en muelle un artículo publicado en ABC en el que se aludía a la muerte de José Miguel Ullán, el poeta. Ullán fue un tipo generoso en torno al cual creció un grupo de escritores y poetas que hoy vemos en todos los escaparates de librería. No fue un poeta de mi gusto ni de mi son en vida y tampoco lo será una vez muerto. Dicho lo cual, no creo que la muerte de Ullán ni de casi nadie sea motivo de alegría, como alguno ha querido hacer ver. Sin embargo, no es un servidor de los que se pliegan al barniz idiota con que nos trata de cubrir este mundo cainita y demagógico de lo políticamente correcto. En España, hay que morirse para que hablen bien de uno, eso es cierto; pero cuando a alguien le da por decir lo que piensa o, simplemente, la verdad ante el óbito irremediable, entonces se juega el tipo si esa verdad no es una verdad de obituario, es decir, tan buenista como posiblemente falsa.
El artículo, por lo demás, denunciaba otras cosas mucho más tangibles y sucedidas. Ullán pasaba por allí en aquel momento, camino de la eternidad, y se encontró con el pastel. Pero mi respeto hacia él, hacia su muerte y hacia su obra.
AUnque no por ello dejo de desear que a Ullán la historia le reserve el sitio que se merece; que sus obras vuelen el tiempo que los lectores le quieran conceder; y que todos aquellos que crecieron al calor de su sombra lleguen donde sus literaturas quieran y puedan llegar. Ut vales!
El artículo, por lo demás, denunciaba otras cosas mucho más tangibles y sucedidas. Ullán pasaba por allí en aquel momento, camino de la eternidad, y se encontró con el pastel. Pero mi respeto hacia él, hacia su muerte y hacia su obra.
AUnque no por ello dejo de desear que a Ullán la historia le reserve el sitio que se merece; que sus obras vuelen el tiempo que los lectores le quieran conceder; y que todos aquellos que crecieron al calor de su sombra lleguen donde sus literaturas quieran y puedan llegar. Ut vales!
martes, 9 de junio de 2009
Una noche cualquiera
El escenario es una noche cualquiera en la que tu mujer, de la que estás muy enamorado, ha decidido salir a cenar y a tomar unas copas con sus amigas -pero sin ti-. A primera vista todo es perfecto: tranquilidad, tiempo para leer, para pensar en soledad, para ver, incluso, la caja tonta -encedida o apagada- o para recordar a aquella novia de la juventud perdida. Al principio, piensas que cada vez son más raros y escasos esos momentos que te ha regalado esta noche; hay que aprovecharlo, te dices y te dispones. Sin embargo, a medida que pasan los segundos, los minutos, las horas la imaginación, esa loca que nos enloquece y que a veces se viste con las ropas del amor, se va apoderando de tu tiempo, de tus pensamientos, de tu cabeza, de tu alegría primera y, poco a poco, va torciendo y distorsionando tus buenos deseos, tus pensamientos puros, tu cabal manrea de entender una noche de amigas. Con medida exactitud, segundo a segundo, te va suministrando veneno en forma de inquietudes, de escenas que sólo existen en tu mente, de dudas y de imágenes cargadas de ilusionismo barato. Y te imaginas a tu mujer gozando de la noche y de las criaturas que la habitan. Al fin, todo eso te provoca, te remueve, te reconcome por dentro hasta depositarte en brazos de la una irracionalidad manifiesta y de una violencia verbal que te delata. El amor-imaginación te ha transformado en un ser despreciable y brutal.
Todo esto se pude contar así o así:
Vicente Gallego pertenece a una generación de poetas más impostada que real, pero al menos él.... es un buen poeta.
Todo esto se pude contar así o así:
Vicente Gallego pertenece a una generación de poetas más impostada que real, pero al menos él.... es un buen poeta.
jueves, 4 de junio de 2009
El río de vuelta
Después de muchos años, tantos como tengo, he llegado a una conclusión: en esta vida, como decía Chaplin, a lo más que podemos llegar -la mayoría- es a ser aficionados. Me viene esta idea a la cabeza porque, de vez en cuando, me imagino esto que llamamos vida como un río que baja hacia la montaña. Un río de vuelta, sí. Así, cuando nacemos, somos como un gran estuario capaz de abarcarlo todo, un estuario en el que se comprenden una infinitud de posibilidades, una ola de potencialidades inabarcables, un mar de futuros. Sin embargo, a medida que pasan los días, los meses, los años, ese río de vuelta va encajonándose, achicándose, acercando orillas y, con ello, uno va dándose cuenta de que en la vida sólo se puede trazar un arroyo chico, poca cosa más que un regato. Esto equivale a pensar que, sin metáforas, en la vida sólo se pude destacar en algo concreto -y aun no siempre-. Cuanto antes sea uno consciente de ello, antes logrará que su río vital, de camino a la montaña, se estreche y tome el curso correcto. Hay quien, como esos grandes deportistas o ciertos genios prematuros, logran encauzar su vida a edades muy tempranas; hay quienes, por diversas consideraciones, tardan mucho más tiempo; pero, al final, sólo aquellos que son capaces de elegir una cosa entre la inmensidad de posibilidades son quienes -y ya digo que no siempre- logran alcanzar su objetivo. Luego, evidentemente, está la suerte, que es el noventa y nueve por ciento que le falta a toda esta explicación.
He tardado muchos años en comprender esto. Quizá ya sea tarde.
He tardado muchos años en comprender esto. Quizá ya sea tarde.
jueves, 28 de mayo de 2009
Rómulo Celdrán

Me ha costado varios días entender por qué los de la Revista de Occidente me han enviado un ejemplar a casa. Al principio, nada más abrir el sobre, he pensado que, como me dedico en mi tiempo ocupado a escribir sobre literatura en algún periódico, querrían que estuviera al tanto de lo que hacen. Sin duda, error. Después le he echado un ojo al contenido, como siempre interesante -creo que si Ortega levantara su tamañuda cabeza se sorprendería de que aún, en un país como España, sobreviva una publicación lietararia despúes de tres cuartos de siglo-. Al final, por esas cosas que tiene el ojo, me ha llamado la atención el dibujo de la portada. ¡Eureka!, he ahí la explicación. La portada del último número de la Revista de Occidente viene ilustrada por Rómulo Celdrán, mi amigo -lo anuncio para que nadie piense que ni soy ni quiero ser objetivo en lo que voy a decir-. A Rómulo Celdrán le dediqué un artículo hace un par de años porque, desde que me tropecé con sus obras, hace ya casi una década, me hice romuliano y celdranino a pies juntillas. No soy ningún experto en arte; yo, como Chaplin, a lo más que aspiro es a ser aficionado. Pero lo que sí sé es distinguir un Vega Sicilia de un Don Simón, y aún de otros mejores. Rómulo Celdrán es, sin duda alguna, Vega Sicilia del bueno. No pretendo, ya digo, ser objetivo, pero su obra tiene boca propia. Y para demostrarlo lanzo una pregunta: ¿conocen ustedes a alguien capaz de tomar fotografías con un lápiz? Pues esa es sólo una de las muchas virtudes que adornan a este murciano al que los canarios quieren hacer guanche a toda costa. Y no me extraña.
Más aquí y aquí
lunes, 25 de mayo de 2009
Sobre cuadras y caballos
Las cuadras en literatura son un invento del siglo XX. Bien es cierto que siempre han existido generaciones, movimientos, grupos, facciones literarias..., pero cuadras, entendidas como esos cogollitos de escritores-caballos (da igual el género en el que alumbren o troten) que se promocionan mutamente, se premian mutuamente, se invitan a saraos literarios mutuamente, hacen caja conjuntamente y se amparan en alguna figura "prebostérica" recíprocamente, esas no han existido hasta que el dinero, el poder y la notoriedad social se fijaron en la literatura como algo con muchas más posibilidades mercantiles que estrictamente literarias.
En poesía ocurre igual -no hay más que ver cómo estos días andan poniéndose a caldo "ullanistas" y "visoristas"-. Es evidente que la calidad de un escritor, hoy en día, no le garantiza en absoluto la fama. Es más, a veces puede incluso hacerle de serretón y freno. Para triunfar uno tiene que entrar en boxes y amoldarse a tal o cual cuadra, aceptar su patronato y rendirse al catecismo de su pienso y abrevo. Si no, sus obras no saldrán nunca del cajón. Éste es el signo de nuestros tiempos. Qué dífícil resulta por ello, a veces, negar la tozudez del aserto manriqueño. Ya saben, aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, querido Rocinante.
En poesía ocurre igual -no hay más que ver cómo estos días andan poniéndose a caldo "ullanistas" y "visoristas"-. Es evidente que la calidad de un escritor, hoy en día, no le garantiza en absoluto la fama. Es más, a veces puede incluso hacerle de serretón y freno. Para triunfar uno tiene que entrar en boxes y amoldarse a tal o cual cuadra, aceptar su patronato y rendirse al catecismo de su pienso y abrevo. Si no, sus obras no saldrán nunca del cajón. Éste es el signo de nuestros tiempos. Qué dífícil resulta por ello, a veces, negar la tozudez del aserto manriqueño. Ya saben, aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, querido Rocinante.
miércoles, 20 de mayo de 2009
A propósito de Benedetti, Gamoneda.
Anda medio mundo enzarzado con el otro medio -es sólo un decir- a propósito de si Benedetti era o no un buen poeta. Lo cual significa, seguramente, que lo que menos interese de Benedetti sea su poesía. Porque, díganme de cuándo acá la poesía le importa al mundo tanto como para ser motivo de discusión. Ya he dicho en otra ocasión que para mí Benedetti era y es un poeta fácil, en el sentido amplio y variado del término. También lo fue Neruda; y curiosamente ambos fueron propulsados a chorro por esa parte del mundo que se considera depositaria y propietaria legítima y única del intelecto -sobre todo cuando éste se viste de creativo-. Ahora dice Gamoneda que Benedetti era un ser admirable, pero él utilizaba un lenguaje normalizado, el lenguaje de la comunicación coloquial que, aunque lo respeto muchísimo, no lo comparto. Eso lo dice Gamoneda cuya poesía nunca me ha logrado conmoverme mucho más allá de lo que me conmueve un mandil puesto a secar en un tendedero. Pero, en fin, comparen.
Gamoneda dice:
AMOR
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
Benedetti dice:
MASS MEDIA
De los medios de comunicación
en este mundo tan codificado
con internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto
Yo digo:
POESÍA
Busquen por ahí:
les juro que
la poesía existe.
Gamoneda dice:
AMOR
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.
Benedetti dice:
MASS MEDIA
De los medios de comunicación
en este mundo tan codificado
con internet y otras navegaciones
yo sigo prefiriendo
el viejo beso artesanal
que desde siempre comunica tanto
Yo digo:
POESÍA
Busquen por ahí:
les juro que
la poesía existe.
lunes, 18 de mayo de 2009
Benedetti
Hace ya algunos años -mi memoria dice que algunos, mi cuerpo asegura que bastantes- me pidieron que eligiera una película de la Seminci y que fuera a verla con un grupo de chavales a los que, por entonces, intentaba convencer de que el latín y la literatura eran útiles e, incluso, necesarios para la vida. Elegí "Mario y El Capitán" porque había leído la obra un par de veranos antes en aquella colección que sacó Alianza a veinte duros -a lo mejor, incluso, conservo el ejemplar-; me había gustado. La adaptación al cine me pareció fantástica. Debía de ser una producción uruguaya -no lo recuerdo- y de bajo presupuesto -dicho sea de paso, tampoco una película que transcurre en un calabozo acondicionado como sala de interrogatorios debió de necesitar un gran dispendio-. La película me trajo a la memoria, en parte, aquella otra magistral de "La Huella", de Mankiewicz, y la no menos soberbia interpretación que Laurence Olivier y Michael Caine hacen del original de Shaffer.
Benedetti fue un buen autor teatral, un escritor interesante y un poeta fácil, como lo fue Neruda. Sus versos han calado, y mucho, porque están construidos con esa sencillez que para muchos es esencia poética y para otros falta de estro y de musa, es decir, inutilidad manifiesta. Es cierto que, cuando la fama de alguien va aparejada al hecho de declararse comunista o al hecho de haber sido perseguido por los militares, se me plantean dudas. Sin embargo, a mí, personalemnte, Benedetti me gustó en algunos momentos y su "Táctica y Estrategia" me valió, en alguna ocasión, para descubrir alguna que otra boca. Sólo por eso, gracias, Mario.
Benedetti fue un buen autor teatral, un escritor interesante y un poeta fácil, como lo fue Neruda. Sus versos han calado, y mucho, porque están construidos con esa sencillez que para muchos es esencia poética y para otros falta de estro y de musa, es decir, inutilidad manifiesta. Es cierto que, cuando la fama de alguien va aparejada al hecho de declararse comunista o al hecho de haber sido perseguido por los militares, se me plantean dudas. Sin embargo, a mí, personalemnte, Benedetti me gustó en algunos momentos y su "Táctica y Estrategia" me valió, en alguna ocasión, para descubrir alguna que otra boca. Sólo por eso, gracias, Mario.
viernes, 15 de mayo de 2009
Política poética
La capacidad de torsión del lenguaje es infinita. Quizá por eso existe la poesía. Sin embargo, lo maravilloso es que alguien, sin saberlo -sin saber-, pueda llegar a dibujar una poderosa imagen poética a base de retorcerle el brazo a la lengua con fines más bien espurios. En esos casos, el principio político al que tantas veces se aferran los próceres de la Patria, es decir, el "mantenella y no enmendalla", puede dar como fruto algo tan sublime como esto: "todos hemos podido comprobar la soledad de la multitud frente al individuo". La imagen de "la soledad de la multitud" es en sí misma un oxímoron maravilloso, pero si a ello le añadimos un "frente al individuo", es decir, frente a lo uno, a lo que por necesaria instrucción semántica es solo y está solo, entonces hablamos de mucho más.
No dejaría de tener su gracia que, por esas bromas de Apolo, algún político perentorio hubiera confundido su vocación y, en vez de para gobernar, para lo que estuvieran hechas sus mimbres fuera para urdir versos. Y es que Apolo siempre fue un poco cabroncete...
No dejaría de tener su gracia que, por esas bromas de Apolo, algún político perentorio hubiera confundido su vocación y, en vez de para gobernar, para lo que estuvieran hechas sus mimbres fuera para urdir versos. Y es que Apolo siempre fue un poco cabroncete...
martes, 12 de mayo de 2009
A. Vega
Hay canciones que no necesitan música para ser poemas, porque hay poetas que escriben con la guitarra. Siempre me gustó esta canción...
viernes, 8 de mayo de 2009
La familia, de Marzal
Dice Carlos Marzal -que así, a primera vista, me ha parecido un tipo cojonudo- que quienes vamos haciendo biblioteca a fuerza leer estamos creándonos una familia. Uno, a medida que descubre y lee -o, mejor dicho, a medida que lee y descubre-, va eligiendo quiénes son sus padres literarios, sus abuelos de la palabra, sus tíos, sus primos y así hasta componer una árbol de antepasados escritores tan frondoso y dilatado como uno quiera... o lea. Si yo tuviera que pensar en mi familia de letras elegiría a Homero como tatarabuelo y a Safo para calentarle la cama. Bisabuelos ya me es más difícil, aunque quizá Catulo pudiera valerme y, con permiso de Lesbia, lo casaría con Ovidio metamorfoseado en cuerpo de mujer. ¿Abuelos? ¿Por qué no Cervantes, que es el padre literario de medio mundo? O mejor, Lope, quizá Quevedo, no está mal el Divino Dante. No sé; me cuesta. La abuela podría ser Santa Teresa si no me infundiera ese respeto que algunos llaman miedo. No, mejor me hago a María de Zayas, a quien todavía no se pondera como se merece; aunque algún día... Por padres, sin menoscabo de los que tengo, no sabría. Difícil cuestión. Se me ocurren muchos, me llenan bastantes y me agradan unos pocos: ¿Lorca?, ¿Unamuno?, ¿Borges? Sí, creo que me quedo con Borges. ¿Kenizé Mourad? ¿Marie Vassiltchikov? ¿Beli? Vaya, parece que para elegir madre me internacionalizo. Claro que, si hago eso entonces es verdad que el árbol se me desmesuraría rápidamente: Leopardi, Mann, Dostoievski, Calvino, Twain, Voltaire, Coetze... En cuanto a mis hermanos, ¿qué decir?. El propio Marzal me parece bueno, pero también me valen Zafón, Hériz, Gallego, Esquivias... Hermanas, como en la realidad, no tengo. Sobre esto tengo pensar.
Y, después de esto, me pregunto si mi hijo querrá algún día que también yo sea uno de sus padres. Tengo serias dudas.
Y, después de esto, me pregunto si mi hijo querrá algún día que también yo sea uno de sus padres. Tengo serias dudas.
martes, 5 de mayo de 2009
José María Álvarez, el Ardentísimo
Ayer estuve escuchando a José María Álvarez. Éramos pocos y como despistados. No habló de su "Ardentísima", pero esbozó en cuatro brochazos finos buena parte de su vida: Venecia, París, Estambul, Jimmy Carter, Onetti, Ezra Pound... También habló de su traducción de Kavafis que, al parecer y a su parecer, es una de las mejores en lengua castellana. Me gustó porque José María Álvarez ha tenido la suerte de vivir esa vida que a mí me hubiera gustado vivir: viajes, literatura, encuentros y trato personal con hombres que son y han hecho historia... y París. ¡Coño, cómo me hubiera gustado a mí vivir en París! Claro que, a mí me quedan treinta años para cogerle y ¿quién sabe?, a lo mejor todavía me queda París... Has visto el tiempo en las aguas.
Y lo que amabas, lo que respetabas, flota
como desperdicios en el oleaje.
Piensa en Shakespeare.
Recuerda qué hermosa es esta Piazza
para morir.
Y lo que amabas, lo que respetabas, flota
como desperdicios en el oleaje.
Piensa en Shakespeare.
Recuerda qué hermosa es esta Piazza
para morir.
martes, 28 de abril de 2009
Sickert ¿el destripador?

Cuadros como éste alimentaron la especie de que Walter Richard Sickert, el mejor pintor inglés que ha dado Alemania, era, en su tiempo libre, Jack el destripador. Sobre esta teoría se han escrito libros en abundancia y novelas como la de Patricia Cornwell. La verdad es que, si uno observa el impresionante impresionismo que pincela Sickert sobre sus telas, si uno contempla esos cuadros de mujeres desnudas, a medio camino entre la muerte pintada como un sueño y la vida concebida como un cuerpo de mujer dormida, no resulta difícil asociar ambos personajes. Más, incluso, cuando el propio Sickert afirmaba haber heredado en pensión la habitación que ocupara el verdadero Jack el destripador. Toda una teoría sugerente sobre uno de los grandes misterios criminales de la Historia. Un misterio que áun, hoy en día, nadie ha sido capaz de destripar.
viernes, 24 de abril de 2009
¿Volar? Sí, pero solo.
Siempre tuve estas palabras por credo. Se las debo a Cyrano, el de Rostand. No están mal traducidas del original francés, así las reproduzco.
¿Y qué queréis que haga?:
¿buscarme un protector, un amo, tal vez,
y como hiedra oscura que sube la pared,
medrando sibilina y con adulación,
cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si se diera el caso,
versos a los banqueros?;
¿convertirme en payaso?;
¿adular con vileza los cuernos de un cabestro,
por temor a que me lance algún gesto siniestro?
¡No, gracias!
¿Desayunar cada día un sapo?;
¿tener el vientre panzón,
un papo que me llegue a las rodillas,
con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!
¿Adular el talento de los canelos?;
¿vivir atemorizado por infames libelos,
y repetir sin tregua: "señores, soy un loro,
quiero ver escrito mi nombre en letras de oro".
¡No, gracias!
¿Sentir terror a los anatemas?;
¿preferir las calumnias a los poemas?;
¿coleccionar medallas?;
¿urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No! ¡Gracias!
Pero... cantar, soñar, reír, vivir, estar sólo...
Ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre.
Ponerme por sombrero el universo, por un sí o por un no.
Batirme, o hacer un verso.
Despreciar con valor la gloria y la fortuna.
Viajar con la imaginación... a la luna.
Solo al que vale reconocer los méritos.
No pagar jamás por favores pretéritos.
Renunciar para siempre a cadenas y protocolo.
Posiblemente no volar muy alto...
pero solo.
Sólo, solo, sólo...
¿Y qué queréis que haga?:
¿buscarme un protector, un amo, tal vez,
y como hiedra oscura que sube la pared,
medrando sibilina y con adulación,
cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si se diera el caso,
versos a los banqueros?;
¿convertirme en payaso?;
¿adular con vileza los cuernos de un cabestro,
por temor a que me lance algún gesto siniestro?
¡No, gracias!
¿Desayunar cada día un sapo?;
¿tener el vientre panzón,
un papo que me llegue a las rodillas,
con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!
¿Adular el talento de los canelos?;
¿vivir atemorizado por infames libelos,
y repetir sin tregua: "señores, soy un loro,
quiero ver escrito mi nombre en letras de oro".
¡No, gracias!
¿Sentir terror a los anatemas?;
¿preferir las calumnias a los poemas?;
¿coleccionar medallas?;
¿urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No! ¡Gracias!
Pero... cantar, soñar, reír, vivir, estar sólo...
Ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre.
Ponerme por sombrero el universo, por un sí o por un no.
Batirme, o hacer un verso.
Despreciar con valor la gloria y la fortuna.
Viajar con la imaginación... a la luna.
Solo al que vale reconocer los méritos.
No pagar jamás por favores pretéritos.
Renunciar para siempre a cadenas y protocolo.
Posiblemente no volar muy alto...
pero solo.
Sólo, solo, sólo...
miércoles, 22 de abril de 2009
Segundo simposio
Soy perezoso, eso ya lo sé. Lo sé desde la primera vez que tuve que levantarme de la cuna. ¡Coño, cuánto tiempo! De eso hace hoy treinta siete años. Si alguien lee estos textos alguna vez, verá que no me obligo a escribir todos los días porque no todos los días tiene uno algo que escribir; ni todos los días lo que uno tiene que escribir merece la pena escribirlo. Pero también es verdad que hay días en los que a uno le apetece contar porque sí, porque ese día cree que lo que tiene que contar merece la pena contarlo. No, no me estoy quedando con nadie, simplemente es así. Ayer estuve, de nuevo, en Urueña. Esta vez el simposiarca era alguien cercano, muy cercano. Tocaba Virgilio, el más grande. Tocaba Las Geórgicas, las más grandes. La presentación del banquete, casi festín, al que no sé si sabremos desacostumbrarnos cuando ya no, corrió a cargo de Rodríguez Tobal. Grande, preciso, simpático, ocurrente y genial, como siempre, el poeta zamorano que no por nada lleva poesía en la voz. Después el primer espada, el lidiador de los poemas de Virgilio a los que ha dotado de una voz que en castellano parecía, a veces, incluso mejor que en latín. Esto mismo dijo Javi Rodríguez: esas Geórgicas no son las Géorgicas de Virgilio, son las Geórgicas de Pedro Pablo Conde Parrado, con quien tanto tengo.
Versos increíbles que emulan el original con asombrosa certeza; hexámetros precisos, macerados en la pipa del reposo; palabras exactas vendimiadas de un castellano gran reserva; emoción e intensidad de color, sabor y cuerpo. ¡Qué gran vino para estar embotellado solo entre pastas de papel!
De nuevo una delicia, de nuevo un acierto enorme -aunque esta vez ni pueda ni quiera ser objetivo, porque no me da la gana- de la bodega Estancia Piedra. De nuevo, recomendable. El próximo, el 8 de mayo. Promete. Tendrán noticias.
Versos increíbles que emulan el original con asombrosa certeza; hexámetros precisos, macerados en la pipa del reposo; palabras exactas vendimiadas de un castellano gran reserva; emoción e intensidad de color, sabor y cuerpo. ¡Qué gran vino para estar embotellado solo entre pastas de papel!
De nuevo una delicia, de nuevo un acierto enorme -aunque esta vez ni pueda ni quiera ser objetivo, porque no me da la gana- de la bodega Estancia Piedra. De nuevo, recomendable. El próximo, el 8 de mayo. Promete. Tendrán noticias.
jueves, 16 de abril de 2009
Las Ferias del Libro
Dentro de nada llega mayo y, con él, la literatura, que hace mucho tiempo que dejó de estar en rebeldía, se echará a la calle, mansamente. Mayo esconde tras cada una de sus esquinas una feria del libro: Madrid, León, Valladolid... En estas fechas las ciudades se visten de papel e invitan a quienes las habitan a la libertad, es decir, invitan a leer. Sin embargo, hace mucho tiempo que, salvo en Madrid, la fórmula parece presentar signos evidentes de cansancio y agostamiento. Las ferias del libro cada vez, cada año, son más repetitivas y monótomas. Así como las presentaciones de libros, que tuvieron su momento de gloria hace algunos años, han dejado de interesar a la mayoría de la gente, puesto que aburren en la mayor parte de los casos hasta a quienes, como yo, se consideran lectores, las ferias del libro cursan la misma enfermedad con episodios críticos de hastío y redundancia. Es necesario renovar el formato o quién sabe si a lo mejor matarlo y dar vida a nuevas fórmulas. Y, cuanto antes, mejor. Que urge.
lunes, 13 de abril de 2009
Cronopios
He visto cronopios, hileras de cronopios encapuchados. LLevaban a cuestas maderas pintadas con formas de hombre, de mujer, de Dios dicen. Era el silencio; y una multitud en turba, callada y lenta, los contemplaba. Pasaban; iban de un lado a otro o a ninguna parte. No digo que fuera un sueño; sólo me pregunto si me estaré volviendo Cortázar perdido.
lunes, 6 de abril de 2009
Yo, dinosaurio
Esta mañana, cuando he despertado, yo, como el dinosaurio de Monterroso, todavía estaba aquí.
viernes, 3 de abril de 2009
Joy

Me ocurre cada vez que la escucho. No sé qué tiene esta música que me conmueve. Un abismo de paz interior, quizá. Es el Joy de George Winston, de un disco titulado December. No acierto a explicar -ni quiero- la sensación que me produce. Quizá sea algo de aquello que escribió Lope a propósito del amor: quien lo probó lo sabe...
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